Evolución de la muscarina y la psilocibina en las especies de Inocybaceae

Posted: June 5th, 2013 | Author: | Filed under: Ciencia, Cultura, Noticias | Tags: , , , , , | No Comments »

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Para deleite de los eruditos micólogos, acaba de publicarse un interesante artículo en la revista científica PLOS ONE analizando el origen evolutivo de la muscarina y la psilocibina basado en su presencia en hongos de la especie Inocybacae. Por lo visto, los dos alcaloides aparecen en hongos de esa especie, pero nunca juntos. Tras una revisión bibliográfica exhaustiva y el análisis cromatográfico de 30 nuevas especies de Inocybacae, los autores trazan un mapa cronográfico en un contexto temporal geológico de cuyo rastreo concluyen que los orígenes filogenéticos de ambas toxinas son únicos y han evolucionado de manera independiente.

Para los novatos en esto, solo recordar que en la famosa seta Amanita muscaria, a pesar del nombre, de muscarina solo contiene trazas que no parece que aporten gran cosa a su efecto farmacológico, mediado por el ácido iboténico y, sobre todo, por el muscimol (el ácido iboténico se descarboxila en muscimol tanto al ser ingerido como con el secado de la seta; algo parecido a lo que ocurre con la psilocibina: se metaboliza en psilocina, que es realmente el principio psicoactivo).

Los orígenes filogenéticos de los alcaloides alucinógenos son fascinantes. Triptaminas alucinógenas se encuentran por todas partes (p. 277 del TIHKAL): en hongos, en plantas y en el sistema nervioso de animales inferiores y superiores. Y no menos fascinante es la evolución de los receptores serotoninérgicos, proteínas diana mediadoras del efecto alucinógeno de estos alcaloides.

Y lo más interesante quizás de todo este asunto: ¿ha sofisticado la evolución la presencia de estos alcaloides en los hongos y las plantas porque sirven como toxinas para mantener alejados a los depredadores? Si es así, pareciera que con el ser humano, así como con otros animales, no lo han conseguido, pues a muchos aparenta gustarles. De hecho, el efecto muchas veces pareciera el contrario: más que una toxina, para algunos de estos extraños animales bípedos parece más una fuente de goce y aprendizaje. ¿Quizás lo que en un ecosistema concreto servía de protección en otro lo es de “propagación”? Las plantas de la adormidera, de la coca y del cáñamo de hecho se han beneficiado de que sus principios activos gusten a los humanos y fruto de ello salieron de sus territorios geográficos originales conquistando partes insospechadas del planeta. La ayahuasca, rica en el alucinógeno DMT, hace apenas 100 años seguía siendo una planta asilvestrada de la selva amazónica y hoy día está tratando de ser domesticada en tres cuartas partes del mundo. ¿Toxinas o nootropos? ¿Venenos o hedonógenos? ¿O las dos cosas a la vez más una tercera: simples productos de desecho de la central metabólica de los organismos?

Y para terminar de liarlo todo, por fin encuentran DMT en el cerebro de un mamífero, concretamente en la glándula pineal de la rata. Las especulaciones de qué podría hacer allí la DMT, en el caso de que estuviera, llevan circulando años por la red desde que las puso de moda el Dr. Rick Strassman. Ahora ya parece claro que, efectivamente, está. Cada vez sabemos más y mejor qué hacen los opiáceos y los endocannabinoides dentro de nuestro cerebro. Se presenta todo un mundo interesante por conocer qué hacen los aluciógenos también instalados allí.

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